(Prensa Latina) El desempleo en el mundo actual es uno de los problemas más complejos que tiene ante sí la comunidad internacional, sobre todo por sus efectos negativos para las jóvenes generaciones.
Expertos y autoridades coinciden en que para enfrentarlo se requiere la unidad de acción de factores disímiles y, en algunos casos, divergentes.
En su informe publicado en febrero último, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dio a conocer que en 2024 se sumarán dos millones de personas a las filas de desocupados que ya están registrados.
Por ello, en América Latina y el Caribe la tasa de desempleo fluctuaría alrededor del seis por ciento, mientras que a escala global ese mismo índice sería de 5,2 por ciento, lo cual significa un retroceso, representando una décima por encima de lo alcanzado el año anterior.
La OIT destacó que, aunque los mercados laborales han mostrado una gran resiliencia frente al deterioro de las condiciones económicas, la recuperación de la pandemia de la Covid-19 sigue siendo dispar, pues han surgido nuevas vulnerabilidades y se generan crisis múltiples que erosionan las posibilidades de una mayor justicia social.
En muchas regiones el desempleo ha descendido por debajo de los niveles anteriores a dicha contingencia sanitaria, pero las desigualdades van en ascenso y se espera un estancamiento de la productividad.
Los datos publicados indican que en 2023 la tasa de cesantía en los países de renta alta fue de 4,5 por ciento, y de 5,7 en los de renta baja.
Otro factor que debe tomarse en cuenta es el tipo de contratos que está en vigor.
En el presente año se considera que alrededor del 58 por ciento de la mano de obra a escala global se ubica en la llamada economía informal, integrada por entidades eventuales, cuyos empleados están imposibilitados de tener una afiliación sindical y sus haberes –bajos habitualmente– no acumulan aportes para la jubilación.
TRASCENDENCIA DE LA JUSTICIA SOCIAL
El director general de la OIT, el economista togolés Gilbert Houngbo, quien es el primer funcionario africano que encabeza esa organización, advirtió que el descenso del nivel de vida y la escasa productividad, combinados con una inflación persistente, “crean las condiciones para una mayor desigualdad y socavan los esfuerzos por alcanzar la justicia social”.
“Y, sin una mayor justicia social –puntualizó Houngbo–, nunca tendremos una recuperación sostenible”.
En América Latina y el Caribe, los índices de empleo no han vuelto del todo a los niveles anteriores a la pandemia, aunque se ha reducido la brecha de género, con una tasa de participación de las mujeres casi igual a la vigente previo a la Covid-19.
No obstante, esta disparidad aún hoy es nada menos que de 24 puntos porcentuales.
El director del Departamento de Investigaciones de la OIT, Richard Samans, puso de relieve que el menor ritmo de aumento del empleo a escala mundial significa que las pérdidas ocasionadas durante la crisis de la pandemia de la Covid-19 no se compensarán, probablemente, hasta después de 2025
DESOCUPACIÓN JUVENIL: EL MAYOR PROBLEMA
En general, lo más preocupante es que la mayor desocupación se registra entre los jóvenes, que ya dicho indicador en 2023 alcanzó un 13,6 por ciento y seguirá creciendo cuando menos hasta 2025.
Los índices de desempleo en ese grupo poblacional son comúnmente más altos que en los de adultos de mayor edad en todos los países del mundo.
Las cifras publicadas por la Organización de las Naciones Unidas indican que en el orbe hay unos 1 200 millones de personas entre 15 y 24 años, lo cual representa cerca de una quinta parte de los habitantes del planeta.
Alrededor del 85 por ciento de esos jóvenes vive en países en vías de desarrollo.
Los estudiosos reconocen diferentes causas del desempleo juvenil, comenzando por la calidad y adecuación de la educación; a ello se suma la inflexibilidad del mercado laboral y la normativa que lo rige, factores que crean una situación desfavorable para aumentar los puestos de trabajo entre quienes buscan por primera vez una ocupación loable.
Al término de la década inicial del presente siglo, en 25 de 27 países desarrollados el índice de paro más alto estaba formado por personas que solo habían cursado la enseñanza primaria o menos aún.
Sin embargo, la experiencia demuestra que ni siquiera el tener un título universitario garantiza que se pueda alcanzar un empleo digno en el mundo actual.
La tasa de cesantía juvenil es alta en casi todos los países de América Latina y el Caribe.
Otra característica negativa resulta que más de la mitad de los jóvenes ocupados desempeña sus labores en la llamada economía informal, con todas las limitaciones que esta ubicación significa, entre ellas las bajas remuneraciones y las pocas posibilidades para el desarrollo profesional.
A manera de resumen, puede decirse que el angustiante problema del desempleo en el mundo de hoy es consecuencia de un orden económico no solo errático, sino también injusto, y para afrontarlo exitosamente se requiere lograr una nueva estructura que esté acorde con los intereses de las mayorías, tanto en regiones como en países.
Jbg/ Prensa Latina

